A propósito de las llamadas “réplicas” de maquillaje

 

Existe una preocupante proliferación de productos de maquillaje falsificados o ‘pirata’ (counterfeits/ knock-offs) en el mercado colombiano. Generalmente se encuentran a la venta bajo el eufemismo de ‘réplicas’ (incluso llegan a acuñar la calificación de ‘AAA’ como si de una certificación de riesgo financiero se tratara). Y digo que se emplea a manera de eufemismo toda vez que el término ‘réplica’ se usa especialmente para referirse a las copias de obras de arte. El maquillaje falsificado es proveniente de la actividad ilegal que se desprende no sólo de la violación de los derechos de propiedad intelectual de marcas notoriamente conocidas, sino del fraude y de la competencia parasitaria.

Qué existan redes internacionales delictivas dedicadas a esta actividad multimillonaria no sorprende. Al interior del mercado negro, el maquillaje falsificado ocupa tan sólo un eslabón. Lo realmente preocupante es que de manera abierta e inescrupulosa existan establecimientos de comercio y personas naturales que a través de las redes sociales promuevan abiertamente la compra y venta de esta clase de productos. Muchas de estas personas se apoyan en plataformas virtuales tales como Instagram, Facebook y WhatsApp para perfeccionar transacciones comerciales de ‘réplicas’ de maquillaje. De esta manera las vendedoras pueden de alguna manera preservar incógnita su identidad y aislar el escrutinio de los consumidores y de las autoridades competentes.

Existe suficiente información en internet (por si el sentido común no fuera suficiente) sobre los diferentes riesgos asociados con la compra del maquillaje falsificado. No es el objetivo de este post reproducir los numerosos textos y noticias que proliferan con el fin de advertir, entre otros, los riesgos que se desprenden para la salud humana. Alguien pensaría que finalmente es responsabilidad del comprador el asumir las potenciales consecuencias de la compra de estos productos ilegales. Lo peor es que puede ser que el comprador sea ingenuo, deficientemente informado, o inducido al error. Lo anterior no porque el vendedor haga pasar los productos falsificados como auténticos, sino porque impunemente elogia las bondades de la réplica. En otras palabras vende los productos como si fueran verdaderas ‘gangas’.

Yo misma me quedé estupefacta cuando vi que en una de las tiendas de la ciudad en donde es posible encontrar algunos productos de maquillaje importado (original y falsificado), la dueña del establecimiento le decía a una incauta compradora que “la réplica era la misma cosa.” Lo anterior ocurrió porque yo de entrometida (al ver la interacción entre la vendedora y la compradora que preguntaba por ciertos labiales) pregunté:

— ¡¡pero el producto no es original!! verdad?”

Mi injerencia se debió a que pude advertir que la dueña del local (que fungía también como vendedora) no le informaba a la mujer que el producto por el que preguntaba en realidad no era original. Inmediatamente la dueña del lugar replicó, para mi sorpresa, “que eso no importaba, que igual todos los productos de maquillaje eran hechos en China”

Como sí el hecho del lugar de fabricación fuera inexorablemente equivalente al de las condiciones de producción y al de la composición química del producto (por no referirse a otros atributos inmateriales de los bienes). Que sepa el lector, que no necesariamente porque un producto sea fabricado en China, de ellos se desprende que el fabricante o propietario de la marca no tenga el control sobre las calidades y atributos del producto en cuestión. Lo dicho tiene especial importancia en la composición química del producto, de la cual se derivan riesgos de toxicidad y demás peligros para la salud humana. De acuerdo con la Policía de Londres (Police Intellectual Property Crime Unit) , se ha detectado plomo, arsenico y excremento de roedores en productos de maquillaje falsificado.

De igual manera, condiciones ambientales y sociales de producción pueden generar la diferencia en la opción de compra del producto. Imagínense por un momento una marca cuya reputación de calidad y aspectos éticos de producción le han llevado a un reconocido posicionamiento dentro del mercado internacional. Redes criminales internacionales pueden tratar de falsificar los productos de dicha marca. El producto en cuestión puede a simple vista tener una pigmentación similar (por no mencionar el empaque), pero el consumidor no va a obtener la misma fórmula, composición, condiciones ambientales y sociales de producción (e.g., el producto puede haber sido probado en animales y/o producido con mano de obra infantil).

De esta manera, la reflexión de la señorita a cargo de la tienda AAA es por mucho controvertible. No sin mencionar que su respuesta equivale a una excusa vergonzante concupiscente con una actividad repudiable. Y es repudiable no sólo porque como abogada crea firmemente en la importancia de los derechos de propiedad intelectual, incluyendo la debida protección de las marcas. Sino porque el patrocinio de la piratería finalmente termina financiando otras actividades criminales que desafían la imaginación. En otras palabras, la compra de maquillaje falsificado no es un acto superfluo o inocente qué sólo afecta al consumidor y al propietario de la marca. En el mercado negro internacional existe un agujero negro financiero del cual la piratería es un gran contribuyente.

La victima de la compra y del uso del maquillaje falsificado puede igualmente ser aquella persona que contrata los servicios de un maquillador. Vaya usted a saber sí el profesional del maquillaje en el cual usted ha depositado su confianza (no sólo por sus méritos con la brocha y el color, sino también por su ‘kit excepcional’) se ha anotado un hit comprando maquillaje ‘súper pro’ o de reputadas marcas vilmente falsificadas. Aquí no hay vivas o vivos viviendo de bobas o de bobos. Aquí todos son víctimas potenciales en calidad de compradores o consumidores de la competencia parasitaria, el fraude y la fabricación inescrupulosa de productos regulados.

Hasta aquí dejo el proemio de un tema que este blog se propone seguir abordando. Ya tendremos tiempo de discutir estos tópicos con el apoyo de expertos en aspectos relevantes vinculados a este fenómeno. Uno de ellos el jurídico. Por razones de formación profesional es este el tema que más me interesa y el qué quizá menos se conoce por parte de temerarios vendedores y compradores de productos piratas. Próximamente encontraran un post con un análisis más detallado de los aspectos jurídicos vinculados a la compra y venta de maquillaje falsificado. Por el momento vayamos abandonando el eufemismo de ‘réplicas AAA’ que les ha dado por acuñar. Este calificativo aplica para la calificación financiera y para las baterías, no para productos ilegales.

 

Alejandra

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Imagen de portada “The Promise II “(Madeline Von Foerster)